Embarazo

•  Siempre que sea posible, hay que evitar la irradiación de un feto. Se incluyen aquí las situaciones en las que la propia mujer no sospecha que está embarazada. La responsabilidad para identificar a estas pacientes recae en su médico.

•  A las mujeres en edad de procrear que acuden a una exploración de RX en la cual el haz primario irradia, directamente o por dispersión, la zona pélvica (básicamente toda radiación ionizante entre el diafragma y las rodillas), o a una técnica con isótopos radiactivos, hay que preguntarles si están o pueden estar embarazadas. Si la paciente no puede descartarlo, conviene realizar una prueba de embarazo.
•  Si no hay posibilidad de embarazo, puede procederse a la exploración. En cambio, si la paciente está embarazada, el radiólogo y el médico de la paciente tienen que reconsiderar la justificación de la exploración solicitada y tomar la decisión de posponerla hasta después del parto o hasta que se presente la menstruación siguiente. Por el contrario, una técnica que sea clínicamente beneficiosa para la madre puede también serlo indirectamente para el feto, y retrasar una prueba fundamental hasta más avanzado el embarazo puede hacer que aumente el riesgo tanto para el feto como para la madre.
•  En todos los casos, si el radiólogo y el médico de la paciente están de acuerdo con la justificación clínica de la irradiación de un útero grávido o potencialmente grávido, hay que dejar constancia de tal decisión. Luego, el radiólogo debe asegurarse de que la exposición se limite al mínimo imprescindible para obtener la información que se busca.
•  Si, pese a todas estas medidas, está claro que un feto ha estado expuesto a radiación, es poco probable que el riesgo derivado de la exposición fetal justifique, aun en caso de dosis elevadas (TC abdominopélvica, UIV, HSG y  estudios de MN), los mayores riesgos de técnicas cruentas de diagnóstico fetal o un aborto provocado. En caso de duda, un especialista en física de la radiación puede proceder a una determinación individual del riesgo y comentar los resultados con la paciente.
•  En el embarazo se debe evitar el uso de contrastes yodados porque atraviesan la barrera placentaria. Únicamente deberían ser administrados en aquellos casos en los que el estudio sea esencial para el diagnóstico y siempre con el consentimiento informado de la paciente. Si bien no se han demostrado efectos teratógenos ni mutagénicos de los contrastes, su inocuidad no ha sido tampoco documentada. Un riesgo sí conocido sobre el feto es la posible depresión de la función tiroidea. Así, en mujeres embarazadas que hayan recibido contrastes yodados hay que realizar la determinación sérica de THS en neonatos durante la primera semana de vida para valorar dicha función. En caso de embarazadas con deterioro de la función renal hay que prevenir las reacciones adversas renales como en cualquier otro paciente con la misma alteración renal, sin necesidad de tomar precauciones adicionales para el feto.
 
Texto extraído de la guía de práctica clínica Referral Guidelines for Imaging, editada el año 2000 por una comisión europea de expertos en radiología y medicina nuclear y del artículo Contrastes yodados de utilización en Radiología (Ramirez C, et al. Radiologia 2014;56:12-20).