Dosis de radiación

La dosis efectiva de una exploración radiológica es la suma ponderada de las dosis que reciben diversos tejidos corporales, en la que el factor de ponderación de cada tejido depende de su sensibilidad relativa al cáncer inducido por la radiación o a efectos hereditarios graves. Con ello se obtiene una estimación de dosis única, que guarda relación con el riesgo total debido a la radiación, al margen de cómo se distribuya la dosis de radiación por el cuerpo.

Las dosis efectivas características de algunas técnicas habituales en radiodiagnóstico oscilan entre un factor 1, equivalente de uno o dos días de radiación natural de fondo (0,02 mSv en el caso de una radiografía de tórax), y 4,5 años (caso de la TC de abdomen). Sin embargo, hay considerables variaciones de radiación de fondo entre países, así como dentro de cada país.Las dosis para las exploraciones radiológicas ordinarias se basan en los resultados de mediciones de dosis a pacientes realizadas en 380 hospitales entre 1990 y 1995 en todo el Reino Unido. Las dosis de exploraciones por TC y con radionúclidos se basan en estudios nacionales realizados con anterioridad y se consideró poco probable que hubiesen cambiado significativamente desde entonces.

Las pruebas de imagen más frecuentes son las radiografías de extremidades y de tórax, pero son las exploraciones con altas dosis, como la TC de tórax o de abdomen y las pruebas con bario, las que contribuyen principalmente a la dosis colectiva de una población. Particularmente altas son las dosis en algunas exploraciones mediante TC; la tendencia no es a disminuirlas, y el recurso a la TC sigue en aumento. La contribución actual de la TC es probablemente de la mitad de la dosis colectiva debida a exploraciones radiológicas. Por eso es vital que la petición de una TC esté plenamente justificada, y que en el servicio de radiología se apliquen técnicas en las que se minimiza la dosis sin perder la información diagnóstica fundamental. Hay autores que consideran que el riesgo adicional de cáncer consecutivo a una TC de abdomen es, en el transcurso de la vida de un adulto, del orden de 1 por 2000 (frente al riesgo de una RX de tórax, que es de 1 por millón). Pese a todo, esto representa un exceso de riesgo ligero, comparado con el elevadísimo riesgo general de padecer un cáncer (casi 1 de cada 3), que las ventajas que puede acarrear una exploración por TC suelen compensar con creces.